Tan distinta de mí, tan distante de vos y sin embargo, teniéndote. Porque vos no sabías que era ella y no yo quién te tenía. Y yo lo fui sabiendo, sin querer, sin proponerme saber, lo fui sabiendo día a día y fui ocultandotelo con miedo de que lo advirtieras. Mientras no lo supieras me guardarías en un rincón de tu ser y de tu mente y seguirías pensando que yo era tu motor , que yo era la corriente de luz que te impulsaba, tu oasis. Egoísta, aferrada, empecinada, recortándote con el filoso cuchillo de la posesión; pude alegrar mi agonía. ¿En que momento ibas a darte cuenta de esto?
Unas semanas más y sucedio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario